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La Central Hidroeléctrica

Sin duda, el comunero muquiyauyino de antaño, por tradición y convicción propia, fue muy respetuoso con sus mayores y autoridades. Tenían gran arraigo cívico y profundos principios éticos en su actuar social y familiar. La honestidad y el trabajo fueron su insignia del progreso. Por ello, la organización propia de la Comunidad, fue admirada por muchos. La Comunidad de Muquiyauyo era disciplinada, solidaria y fraterna en aquellos tiempos; no existían privilegios ni marginación. Debido a estas cualidades de la comunidad, les fue posible, desde los últimos decenios del siglo XIX y gran parte del siglo XX, construir muchas e importantes obras sin más apoyo que el producto de sus propios recursos. Viajando imaginariamente al pasado, seríamos testigos de las condiciones culturales y socio-económicas de esos tiempos; por lo tanto, las obras realizadas fueron notables en su concepción y ejecución. Entre ellas, en el pueblo de Muquiyauyo, algo singular sobresale que nos llena de admiración y orgullo. En el año 1921, la comunidad campesina de Muquiyauyo inagura la Primera Planta Hidroeléctrica; y es por ello y muchas otras obras de gran arraigo y envergadura, que llegaron a adquirir el apelativo popular de “La pequeña Rusia”. La Comunidad Campesina de Muquiyauyo tuvo una original forma de trabajo y organización social que de seguro tuvo mucho de singular , así se consiguió suministrar energía eléctrica no solo a los habitantes del propio Muquiyauyo, sino también al pueblo de Huaripampa y cercado de la ciudad de Jauja. Esta venta de energía permitía una importante captación de divisas, lo que iba fortaleciendo la economía comunal.

La Planta Hidroeléctrica de Muquiyauyo situada en Jajatuna, representó un éxito para la comunidad en el aspecto socio-económico y cultural, ya que permitió la iluminación de los hogares y las vías públicas, poner en funcionamiento diversos artefactos eléctricos en los hogares y hacer viable la creación de empresas familiares como acerraderos y ebanisterías donde el uso de pequeños motores eran esenciales.

Las ganancias generadas por la Planta fueron derivadas a financiar obras de corte social para el pueblo. Muchos años después, la administración de la Planta Hidroeléctrica entró en un espiral de deficiencia, produciéndose pugnas externas e internas, como en el caso de los usuarios en Jauja. Es así que se tuvo que afrontar serios problemas administrativos, contables y técnicos. Se hizo innumerables esfuerzos por corregir errores y malos manejos durante los últimos años del siglo XX pero lamentablemente no se pudo reparar el hecho. En la actualidad, la histórica Planta y su maquinaria yace abandonada pero presente aún fisicamente como muestra y ejemplo tangible de lo que un día fue "La gran Planta Hidroeléctrica de Muquiyauyo"; símbolo de proeza y herencia de notables Muquiyauyinos.



Las Ruinas de Pariahuanca

Las ruinas de Pariahuanca es un centro arqueológico localizado en las alturas de la zona conocida como Huaullaj en Muquiyauyo. Consta de numerosas edificaciones circulares hechas a base de piedras talladas de forma irregular y barro blanquesino que se utilizó como amalgama. Es admirable apreciar como pudieron levantar sus paredes en forma pareja por el lado de la fachada y bien plomeadas en el transcurso de todas sus hileras, que hace que guarde una perfecta armonía y estabilidad en su arquitectura. Es obvio que la gente de aquellos tiempos, más conocido como los Muquis o Gentiles, deberieron haber tenido herramientas de construcción como "niveles" o especies de "plomadas" para llegar a tal grado de perfección en sus edificaciones. Lamentablemente, no se conoce de estos instrumentos a excepción de unas especies de "lampitas" de piedra, con mango incluído, que hasta el día de hoy se pueden hallar si prestan atención en los terrenos aledaños a las ruinas.

En la actualidad, estos vestígios históricos yacen olvidados y a su suerte. Durante décadas, ningún gobierno local del pueblo de Muquiyauyo ha hecho algo por mantener conservado este importante patrimonio cultural; en consecuencia, es penoso pero hoy en día, todos los restos arqueológicos sin excepción, han sido semi-destruídos o destruídos en su totalidad no solo por motivos de saqueos de objetos valiosos que pudo haber existído en sus edificaciones, sino también con el fin de ganar terrenos de cultivo. Cabe resaltar que, por otro lado, la naturaleza también hace lo propio, erosionando cada día su arquitectura producto del sol intenso y las lluvias constantes que caen entre los meses de Diciembre y Mayo.



El Valle de Muquiyauyo

El valle muquiyauyino está irrigada por lluvias naturales entre los meses de diciembre a Mayo y por las aguas del Mantaro durante todo el año. El valle presenta un sin fin de flora y fauna. Presenta grandes extenciones de parajes abiertos como el "temporal", llamado así porque solo eran sembrados en épocas de lluvias, y parajes cerrados de sembríos y bosques de eucaliptos, el árbol predominante en el paisaje por su utilidad. El campo nos muestra un sin número de caminitos caprichosos con pircas en sus alrededores realizadas por los pobladores. Entre la flora característica que adornan el valle se encuentran el Pacte, la retama, el Chagual (Maguey), el huacacashra, el aliso, la guinda, algunos queñuales, entre otros. Pasear por cualquiera de sus parajes, es totalmente reconfortable. Se puede apreciar diversas avecillas multicolores y paisajes irrepetibles dignos de cuadros artísticos. Entre los parajes más sonados de interminable verdor en los meses de lluvia tenemos a Jajatuna y Huayunco entre muchos otros.



Los Guindales

Si por algo se caracteriza el pueblo de Muquiyauyo es por sus guindales. A lo largo de toda su extensión, con mayor acentuación en determinados sectores de la superficie del pueblo, crecen los guindales de manera adrede sembrados por sus pobladores o de manera natural por acción de la fauna. Los Guindales es uno de los árboles frutales que brindan sus deliciosos frutos en forma de racimos. Las tonalidades de sus frutos varían entre sus diferentes espécies desde los rojizos amarillentos y rojizos guindos e incluso llega al negro. Entre sus especies más apreciadas, tenemos al conocido como el "Blanquillo" de tono rojo bajo amarillento y a los guindones que son frutos grandes negros y jugosos. Su sabor es dulce con un punto sublime de acidez. El pueblo es tan conocido por sus guindales que entre los meses de Febrero y Abril, numerosos grupos de visitantes de todas las edades de los pueblos aledaños a Muquiyauyo así como descendientes muquiyauyinos radicados en Lima llegan a sus campos para saborear de sus frutos. Lamentablemente, es preciso mencionar, también, que estas personas, en su mayoría, no cogen adecuadamente los racimos de guindas, arruinando y destruyendo no solo los árboles de las guindas sino también los sembríos en donde éstas crecen. Motivo por el cual muchos de sus pobladores han optado por talar los guindales de sus chacras, ya que con ello evitan que sus sembríos sean dañados por los visitantes foráneos de otros lugares.

Si no hay un control adecuado o medida que eviten que gente inescrupulosa, que incluso vienen con baldes gigantes con fines de negocio, ingrese al pueblo, dañando los guindales y sus alrededores, no habrá duda que muy pronto la extinción de este recurso natural será una realidad. Las autoridades y el pueblo en general deben tomar las medidas del caso si quieren mantener la flora de siempre, ya que como consecuencia de todo lo mencionado anteriormente, cada vez se ven menos árboles de guindas, ya que este sin querer se ha convertido en un perjuicio por culpa de los foráneos que destruyen todo a su alrededor. Es penoso ser testigo que muchos de los pobladores muquiyauyinos se vean obligados a cortar los guindales de sus campos por los problemas indirectos que estos acarrean, provocando la extinción de uno de sus recursos naturales más bellos que la naturaleza nos pueda brindar.



El Paraje de la Isla

Desde este paraje se puede apreciar libremente el caudaloso río Mantaro y muy al fondo al nevado del Huaytapallana. Éste es un lugar hermoso por su paisaje característico de chilcas y tolonas en sus alrededores. Si quiere relajar su vista , tocar las aguas del Mantaro, Apreciar el gran nevado del Huaytapallana y otros pueblos de la margen Izquierda como Ataura, tiene que visitar el paraje de la Isla, más conocida como la Ishla por los lugareños del pueblo.



Vista Panorámica de Muquiyauyo

Desde lo más alto de sus cumbres, a lo largo de todo el litoral Muquiyauyino, se puede apreciar el majestuoso y hermoso Valle de Muquiyauyo. Es sumamente reconfortable y relajante apreciar los verdes en todas sus tonalidades en el lado de la planicie, más conocido como el "temporal", el pueblo entero rodeado por sus inmensos bosques de verdor oscuro en su parte central y el imponente río Mantaro al extremo final escoltado por el otro lado izquierdo de la cordillera. Todo ello, bajo un maravilloso e infinito cielo azul serrano.

Si lo que busca es maravillarse y relajarse, subir a las cumbres, es la mejor elección en su próxima visita a Muquiyauyo. Se recomienda tener no solo buen físico sino sobre todo optimismo y ganas de llegar a la meta. Otra de las recomendaciones es salir muy temprano por la mañana, ya que puede ser víctima del incesante calor del astro rey, el sol. LLevar gorras o sombreros, bebidas hidratantes y algún impremiable por si las lluvias los sorprende, es otro aspecto no menos importante a tomar en cuenta.



Azul Padre

Esto ocurrió hace bastante tiempo, cuentan que en Muquiyauyo había un curita bastante pegado al dinero, el no movía un pie sino había dinero de por medio.

Un día recibió la invitación para la celebración de la misa de fiesta en las alturas del pueblo, el curita les comentó que no podía ir, pensando: "De donde me pagarán estos", ellos lo convencieron diciéndole que, como estaban de fiesta el trato iba ser de fiesta. El curita aceptó gustoso.

Muy de madrugada, salió de Muquiyauyo, acompañado de su sacristán, rumbo a la fiesta. Llegó y tuvo que celebrar la misa en pleno sol por que en el lugar no había iglesia. El curita empezó a renegar del pueblo, llegó a proferir algunos adjetivos bastante hirientes para el pueblo. Renegar por de Dios por haberle mandado a tan inhóspito lugar. Mal que bien terminó la misa.

Fue invitado a almorzar, entonces el pensó: "Ahora, si que voy a almorzar rico en esa fiesta, de seguro que mataron sus cuyes, sus carneros". Aceptó gustoso la invitación.

Al llegar a la casa donde servían el almuerzo; le hicieron pasar a la sala, donde en lugar de sillas había adobes y de mesa un pullo grande tendido en el piso, como plato principal le sirvió un pepián con papas sancochadas.
El curita, se sintió ofendido por que el esperaba otros manjares y un mejor lugar para su recepción. Dejó todo no se despidió de nadie y empezó a correr camino abajo en dirección de Muquiyauyo. Dios hizo que el sol brillara con más fuerza que de costumbre.

El señor cura, bajaba lo mas a prisa posible, sudando por la gran temperatura. Él llevaba una túnica azul. Cansado por el trajín se recostó a sombrearse del sol en una gran piedra que había en el camino. Dios lo condenó a permanecer por siempre en esa piedra.

Esa piedra, actualmente se encuentra en el paraje Azul Padre, en el camino hacia Los Andes, donde se puede apreciar la imagen del curita soberbio. Se cuenta que de tiempo en tiempo el curita sale en busca de animales cosas de valor, los cuales son tomados de personas que caminan por ahí sin cuidado.

(*) Foto proporcionada por el Sr. Pedro Flores.



La Campana de Huáuyaj en Muquiyauyo

Por: Edmundo Jinés Lamberto

Cuentan que en tiempos de los abuelos de nuestros abuelos, la legendaria colina de Huàuyaj estuvo habitada por gente pagana, de costumbres y vestidos diferentes a los nuestros. Eran los gentiles.

Dicen que éstos poseyeron una campana de oro que ahora permanece oculta en aquel lugar, donde sólo subsisten restos de sus viviendas silentes, en eterna confidencia de soledad, el sol, el viento y las lluvias.

Refieren que los gentiles eran impíos, de alma orgullosa y de corazón endurecido por la soberbia y el egoísmo. El colmo de su mezquindad llegaba al punto que, cuando el agua de los puquiales, llamados ojos de Dios por los profetas bíblicos dejaba de fluir en los meses de estío, y las comidas escaseaban por efectos de la sequía y las heladas, no eran capaces de dar de beber sediento ni de comer al hambriento. Entonces el todo poderoso, indignado de tanta insensibilidad humana de los gentiles, determinó exterminarlos carbonizados, para lo cual dispuso la aparición de dos soles en el techo celestial, seguido de un diluvio. Pero los moradores de Huàuyaj, presintiendo que el fin de sus días estaba cerca, lejos de arrepentirse de su mal proceder comenzaron a esconder sus pertenencias bajo la tierra, dentro de sus viviendas o fuera de éstas. De este modo, al final, ocultaron la campana de oro para que nadie se apoderase, pero que ahora es muy buscada.

A medida que transcurrían los días y se aproximaban las horas ácigas, el desconcierto de los gentiles era mayúsculo. Despavoridos, a veces, trataban de buscar refugio en las cuevas. En medio de la desesperación y confusión, algunos perecían antes de la desaparición de los dos astros candentes, al desbarrancarse a las obras y destrozar sus cuerpos en las filudas aristas de los peñascos.

En efecto, no tardó mucho tiempo. Un día aparecieron en el cielo los dos soles para derramar sobre el pueblo de Huàuyaj su fuego curruscante y letal, con el que exterminaron en breve lapsos a sus orgullosas gentes. Luego sobrevine un diluvio en medio de una lobreguez profunda.

Vuelve la calma, después de un tiempo, el pueblo había quedado asolado y triste. Sobre la faz del terreno desprovisto de todo signo de vida, apenas surgían vestigios de pequeñas viviendas.

Cierto día, entre esas ruinas, misteriosamente apareció una mujer de facciones y vestimentas raras. Esta extraña mujer, dotada de una fuerza física sobrehumana, hizo rodar una inmensa roca hasta el sitio donde permanecía escondida la campana de oro para cubrirla, tal como se encuentra actualmente. Tan pronto como lo hizo, desapareció del lugar lanzando agudos y lastimeros alaridos, cuyos ecos rebotaron en los ríspidos cerros.

De esta manera, la áurea y fabulosa campana de Huàuyaj permanece hasta hoy escondida y “encantada” en las entrañas de esa silenciosa colina.

Según versiones de los chacreros que por las noches cuidan sus sementeras cerca de las referidas ruinas, cuando la luna entra en Waño (conjunción) a medianoche, la campana de nuestro relato tañe con tal sonoridad que cautiva el oído y es capaz de originar alucinaciones, entre el glu glu de una corriente de agua subterránea. Dicen también que a esa hora se oye el rumor de las conversaciones, entre el ¡pum! ¡pum! ¡pum! De sus batanes y el ¡trac! ¡trac! ¡trac! De sus morteros que muelen.

Igualmente, en las noches en que la luna plenamente blanca y luminosa huella el firmamento nocturno donde rielan las estrellas, los gentiles de Huàuyaj aparecen entre las desperdigadas y dormidas ruinas solitarias, danzando graciosamente y lanzando huapidos de euforia, al compás de una música mágica que emerge de pincullos y tinyas. Hombres y niños con sus curacas (hondas) estiradas entre sus manos, mientras que las mujeres risueñas y robustas, con sus hermosas y gruesas trenzas negras cuelgan hasta sus pantorrillas y su indumentaria de oro que fulge a la luz de la luna que argenta el paisaje nocturnal, ejecutan extraños vistosos movimientos al son de una música rara.

La roca que cubre la campana de oro permanece aún inmóvil hasta estos días, pese a que en reiteradas ocasiones la audacia de los buscadores de tapados intentó moverla para apoderarse del precioso tesoro, pero sin lograrlo aún.

En décadas ya pasadas, “shintil” (gentil) era el apelativo peyorativo que los ancianos de Muquiyauyo le atribuían, en el dulce dialecto lugareño, a toda persona egoísta y mezquina del pueblo.


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